Los precios en España de conexión a internet están desorbitados. La media en nuestras fronteras es de pagar unos veinticinco euros por una conexión que suele ir desde los 6 a los 20 megas. Aunque hace años ese precio es lo que se pagaba por un único mega, lo cierto es que si se compara con otros mercados es algo sonrojante. Por ejemplo, Estonia, Turquía o Japón tienen precios por los mismos servicios cercanos a los diez euros.

Por ello, seguro que muchos españoles se alegraron cuando se enteraron de que el gigante Google tenía pensado entrar en el mundo de la banda ancha. Google Fiber, como se conoce el proyecto, arrancó en julio del pasado año con el objetivo de construir una red de banda ancha de fibra óptica a un precio irrisorio. De momento, tan sólo en Kansas (Estados Unidos) están pudiendo disfrutar de una conexión de un giga por segundo, hasta 200 veces más rápida de lo que tenemos en España, por un precio de 52 euros mensuales.

Gracias a esto Kansas se ha convertido ahora en un centro para el desarrollo de nuevas start ups, cerca de 300 empresas se han instalado en la zona, por lo que también ha obligado a que sus competidores rebajen sus precios.

Además, el negocio para Google no sólo viene de la conexión a internet, sino que para ella mientras más velocidad de conexión allá mejor, pues así los usuarios pueden navegar más y más rápido, dando por tanto más ingresos publicitarios en el tráfico que google genera.